el rompecabezas

And the sky breaks at dawn; shedding light upon this town,
 They'll all come around
 Cause the man of the hour is taking his final bow,
 Goodbye for now.
 And the road 
 The old man paved
 The broken seems along the way
 The rusted signs, left just for me
 He was guiding me, love, his own way
 Now the man of the hour is taking his final bow
 As the curtain comes down 
 I feel that this is just goodbye for now.
Man of the hour PEARL JAM

El día que se vendió la casa de mi infancia, que no era otra que la casa de mi abuela Francisca, entendí que mi vida se trataba de armar un rompecabezas, no literal, ya que no disfruto de tal ocio. De hecho, no tengo paciencia.

Desde que tengo memoria, trate de unir las piezas del rompecabezas, más difícil del mundo, trate de armar a mi papá.

406866_10151221942309419_1811313578_n

A Gustavo no lo conocí, no tuvimos tiempo, falleció al poco tiempo que yo llegué al mundo, por lo tanto lo que se de él, se podría decir,  lo obtuve por otras fuentes, las que denominan secundarias, no de primera mano, no por mi propia experiencia de conocerlo, sino de mis intenciones de reconstruirlo. Por suerte, mis fuentes de información estaban al alcance de la mano, o mejor dicho, bajo el mismo techo.  La mujer que lo trajo al mundo y la mujer que me trajo al mundo (que sin dudas, lo amó) se encargaron de responder todas mis preguntas, aun esas que resultaban incomodas o difíciles de responder; y si buscaba respuestas sobre su juventud siempre recurría a su mejor amigo, pero había algo que a mi rompecabezas le faltaba… siempre me dijeron que el me amó desde el día que se enteró que era inminente mi llegada, desde el día que me escuchó latir, desde el día que supó que iba a ser una niña, desde el día que pateé al oír su voz, pero lamentablemente no recuerdo ni su voz, ni sus ojos, ni nada. Y aunque infiero que deseaba mi llegada, como yo nuestro encuentro terrenal, nunca lo supe por él, porque no recuerdo si me lo dijo. Tristemente, son pocas nuestras fotos juntos, porque seis meses es demasiado poco, seis meses antes de la existencia de la digitalidad, implica rollos de fotos, implica que no hay grabaciones, ni una excesiva materialidad donde su figura aparezca representada. Porque seis meses en 1993, seis meses sin exposición ante redes sociales, ni registros, ni nada. Seis meses es poco tiempo.

Allí, estaba yo, en la casa de mi infancia, pero ahora con dieciocho años, tratando de entender esta especie de jeroglífico. La casa estaba vacía, solo quedaba el aroma a mi abuela, a su colonia. Ese día, la casa me pareció más chica que nunca, hacia mucho que no iba. Cuando entré, entendí que mi infancia se había terminado hace rato y que todavía tenía que  finalizar mi rompecabezas. Comprendí, que en esa casa, sobre ese piso que yo caminaba, alguna vez, Gustavo también caminó. Pisamos el mismo suelo, abrazamos a las mismas personas, pero no nos conocimos, no lo conoci.

Me desmayé.

En mi desvanecimiento, mi infancia entera volvió en una especie de viaje en el tiempo, estaba yo, pero pequeña, sola, en frente a un baúl color bordo, con detalles en negro, al que me acerque con cuidado, con curiosidad, con incertidumbre, con miedo. El miedo se me paso rápido, porque la curiosidad siempre fue más fuerte que todas mis precauciones y, luego de corroborar que estaba sola, mirar hacia ambos lados, como si quisiera cruzar la calle, abrí el baúl.

Volví del viaje.

312474_10150323582939419_336895831_n

Apoyada contra la pared del living vacio, sin tener ninguna noción del tiempo, trate de acordarme si efectivamente alguna vez, vi aquel baúl. En mis esfuerzos, comencé a recordar  las cosas que mi abuela me dijo, entre las puntadas que su máquina de coser  marca Singer daba y algunos mates. Gustavo nació en 1963, en abril, el también era muy chico cuando su papá se murió, quizás, el también intento armar su propio rompecabezas. Se recibió de técnico electromecánico, y tuvo que hacer el servicio militar. También mi abuela me contó que su sueño era recorrer toda la Argentina, y con su primer trabajo de colocar antenas, viajó bastante por el país. El quería ser Ingeniero civil, había empezado la carrera en la UBA. Más tarde, en Entre Ríos, conoció a mi mamá, se casaron, llego mi hermano y once meses más tarde, se enteraban que yo venía en camino. Eso es lo que me contaron, resumidamente.

Sentí en ese momento que no estaba tan sola como creía, la memoria de mi padre flotaba en el aire. Sentí que yo era una parte de él. Y todo vino a mi mente. Mi padre, mi rompecabezas. Me dirigí al patio, donde estaban las plantas de mi abuela, y me encontré de frente con  El baúl. Lo abrí, ahí estaban las piezas que me faltaban. Encontré su libreta universitaria, con las hojas amarillentas, su foto 4 x 4 en blanco y negro, revise sus notas, muchos cuatros, mucho esfuerzo. Descubrí  su DNI, y vi su firma.  Revolviendo, vi hojas en blanco, cuadernillos, sus apuntes. Todo lo que encontré, me lo guardé en una bolsa. Había cosas que ni revise, pero las guarde para mí.

En cuestión de segundos, me acordé de un sillón azul con flores, me gustaba mucho dormir ahí. Francisca me había dicho que mi papá cuando era chiquitito y se cansaba de jugar, agarraba sus autitos, los metía bajo un almohadón del sillón, y se acostaba sobre ellos. También recordé, un ropero de madera, que tenía tres puertas, no tenía nada especial, por fuera…  pero cuando uno abría la tercera puerta, se encontraba con unos garabatos, que eran los primeros intentos de firmas de mi padre. Con mi hermano, también lo firmamos. Luego lo donaron. Había un sillón esquinero color verde oliva, donde dormíamos la siesta, mi abuela siempre me ponía una silla al borde, porque me movía mucho y varias veces me caía, “eso, lo heredaste de tu papá” me decía ella. El pelo lacio, es herencia de él,  mi gusto por los pantalones, o cualquier prenda remendada, parece que lo llevo en la sangre (cosa que molesta a mi madre, y me da el feliz calificativo de “crota”).

Muchas veces me dijeron, que si quería escuchar la voz de mi papá, solo debía prestar atención a la voz de mi hermano cuando me llama por teléfono; que si quería saber cómo dormía, tenía que mirar a mi hermano, porque mi hermano es el reflejo de mi padre y yo soy la herencia que mi papá le dejó,  para bien o para mal.

Hace unos días, haciendo orden, entre mis apuntes de la facultad, los libros, las miles de cajas en las que guardo cosas, encontré la bolsa. Aquella bolsa, donde guarde las piezas desordenadas de mi rompecabezas y por primera vez, me tomé el tiempo de rearmarlo, para terminarlo, no necesariamente para olvidarlo, sino para preservarlo pleno. Antes, de empezar, busqué en las cajas que mi madre guardó, todas las fotos de Gustavo, las mire una por una, y las fui sacando de sus álbumes. En una de esas cajas, encontré un libro “Juan Salvador Gaviota”, adentro una rosa y un papelito, que separe para leerlo todo junto. Estaba lista para desembolsar su historia, encontré su autopsia, no la quise mirar, es la parte de la historia que menos me interesa; continúe, examiné todo lo que escribía, pero no entendí nada de sus apuntes, porque no entiendo nada de ingeniería, ni de mecánica, ni matemática. Así que fuí por el libro, estaba garabateado, me di cuenta que esos rayones eran míos, seguí leyendo, había fotos de gaviotas volando, y encontré una página marcada; leí los primeros dos renglones y lloré.

 559426_10151221952099419_755898254_n

“De modo que esto es el cielo, pensó, y tuvo que sonreírse”

El papelito que marcaba esa página, decía, en su letra mas prolija, mayúscula, inclinada hacia la derecha: “Felicitaciones, a mi negra y negrita, las amamos mucho. Gustavo y Gustavito”, la fecha inscripta en el dorso era  12 de febrero de 1993, el día que nací.

Ese día mi papá me dijo por primera vez, que me amaba, y yo por primera vez, entendí que el amor de un padre puede trascender  la muerte. Completé mi rompecabezas.

Su foto, la tengo en la billetera, su letra la tengo en todo lo que escribo, su voz la tengo en mi hermano, su sangre corre por mis venas. Está en todo.

Hace unos días, descubrí que tenia alas. Las mismas que papá gaviota.

Anuncios

Un comentario en “el rompecabezas

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s