Liberar

Tengo esta cosa de que aunque no me guste lo cursi, me encanta las pequeñas cosas, de tinte poético y algo tontas. Como me gustan estas cosas, suelo regalar pequeñas cosas a los demás. Como no sé qué le puede gustar a los demás, solo sé que me gustan dar primeros torpes pasos, algo así como ver a alguien por primera vez, pedirle que no se mueva y darle un beso, como porque sí.

Entre esas cosas torpes que suelo hacer, mi favorita es tener una lapicera en la cartera, en el bolsillo, en algún lado. Siempre.

Y hacer otro tipo de estupideces. Como mirar a alguien en el tren durante todo un viaje y escribirle un cuento. O conocer a alguien en una conversación en un café y escribirle la mano, con total y desfachatada confianza. No importa lo que escriba, es un gesto, la mano se lava y la tinta se va.

El gesto no se olvida. Esa es mi teoría.

Una vez, como no tenía lapicera, pero en el bolsillo tenía un sobrecito de azúcar de esos que tienen un mensaje al dorso, se lo regale a una persona, rogándole a lo que sea, que ese mensaje sea el afortunado.

Otra vez, en un gesto poético escribí mi nombre en la mano de un muchacho, el problema es que no me acuerdo cual era mi nombre esa noche.

De vez en cuando lo que escribo es un gesto para otro pero que se queda conmigo, una especie de egoísmo insulso. Sin mucha explicación lógica.

Pero lo que más me gusta, es escribir servilletas. Nunca encontré oportunidad de regalar una servilleta escrita, de puño y letra, algún garabato tal vez, una obra de arte, inventar un nombre, o hacer una lista de posibles futuros planes.

Quizás el gesto de la servilleta es el que espero que alguien tenga conmigo.

O quizás me tenga que auto escribir una servilleta para darme cuenta que al final, los pequeños gestos son siempre para satisfacer mis deseos de darle un costado poético, un tanto de película vieja a el hecho de que siempre tengo conmigo una lapicera.


Nos mintieron a todos, eso fue lo que grito en un vagón.

Yo la vi, era normal, se parecía un poco a mí, pero era más alta, tenía el pelo más corto y usaba ropa que nunca en mi vida me hubiera puesto. Nadie sabía porque gritaba eso, nadie, pero todos teníamos miedo. Lo decía con tanta seguridad que parecía que el tren se iba a descarrilar. Si gritaba de esa forma que era el fin del mundo, yo le hubiera creído… Pero no sé qué hubiera hecho.

Una mujer de unos casi cuarenta años, se le acerco con calma, y la miro de cerca, un poco estupefacta, un poco incrédula… Vio como a la joven los ojos se le llenaban de lágrimas, y de repente las dos lloraban.

Nadie en el vagón entendía nada. Pero nos mintieron a todos, estábamos seguros.

La mujer abrazó a la primera, ambas en calma. Como si se conocieran, y todos los demás solo mirábamos de lejos, como una película, de la que nunca íbamos a saber el principio o el final.

Comenzaron a hablar y hasta el tren dejo de hacer ruido sobre los rieles para escuchar.

Entre lágrimas dijo – yo sé que nos mintieron a todos…

– que te dijeron?

que el amor verdadero existe.

Y el tren se detuvo en la estación, la chica se levantó del espacio que ocupo en el suelo durante un abrazo, y se bajó.


Con la intención de que por alguna de esas cosas de la vida entres acá, te pongas a leer y se te ocurra pensar que quizás te escribía a vos…

Perdón.

Me agarraste en un momento raro de mi vida, en muchos aspectos. Y la verdad es que me dio miedo.

Te acercaste demasiado. Y yo no soy muy buena para estas cosas.

siempre te voy a deber un abrazo

Después te alejaste de golpe, y como no soy buena para estas cosas, empecé a maquinar, era yo sola, mi bocho y yo. Ya ni te hablaba porque para maquinar hace falta uno solo. El miedo, la inseguridad, un poco de lo que se viene, un poco de lo que se va, una locura incompresible, un impulso y culpa.

Perdón.

Te hice responsable de mis inseguridades, les puse tu nombre. Te hice responsable de mis dolores, que ni te conocían.

Igual decíamos mucho, ambos fuimos humo.

Pero eso te quería decir, no suelo actuar así. No soy así.

Eso es todo.

No te quiero decir nada de segundas oportunidades, porque me fui bastante lejos con lo que hice, no soy quien para juzgarte, ni lastimarte. Nadie debería hacer eso…

Espero que entiendas.

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