Catarsis y reivindicación

Se que lo vas a leer

No se hace cuanto paso esta historia, pero paso y le pasa a mucha gente.

Estaba sentada en su escritorio, auriculares, apuntes, resaltadores, cuadernillos, libros, fichas, de todo ahí, entre fotos y la taza de café… el parcial se le venía encima como una mesa sin una pata. Le quedaban horas antes de rendir, no necesitaba más nervios que los que tenía en ese momento. Les aseguro que no los necesitaba, pero  las noticias siempre llegan el momento oportuno… o no.

Che, ¿estas ocupada? – dijo con cara de preocupación mientras se asomaba por la puerta

No, bah si pero ¿qué pasa? – la cara le indicaba que era algo preocupante, pensó que alguien se murió.

Se puso de novio… –

¿En serio? Ay, me alegra saber que está bien, que siguió con su vida – dijo sin pensar, sin tardar ni un segundo

Pensé que te ibas a poner mal – continuo con la cara de preocupación

No, me preocupa el parcial. Creo, que no llego.

Siempre decís que no llegas… – cerro la puerta y se fue.

Catarsis

No pasó un minuto, y empezó a quedarse sin aire, no podía fijar la vista en los apuntes, no podía concentrarse en nada, y se mareo. Pego un grito casi ahogado, y el volvió al cuarto, le dijo de ir a caminar. Antes de salir, ella agarro una botella de agua de dos litros. Antes de terminar la primer cuadra, ya no tenía más agua, tuvieron que frenar porque ella quería vomitar, ya no sabía que sentía si era el parcial, o la noticia, no sabía que era y ella siempre sabía que era. Necesitaba más aire, más árboles, era muy de noche, y empezó a llorar por la calle. Ya sin agua para tomar.

-¿Porque lloras?

-Porque él pudo seguir como si nada, y yo no. ¿Porque el sí?, si yo siempre fui más fuerte, no entiendo- decía y se secaba con el puño las lágrimas de los ojos.

Entraron a una pizzería, estaban por buscar la cena de esa noche, la cena que ella no comió.

Encima el parcial de mierda- dijo cuando salieron del local, con la pizza humeante.  Hablaba como si le faltara el aire, o palabras, hablaba como si no…

Ya vas a estar mejor – le dijo cuando entraron a la casa.

Ella se sentó en el escritorio a mirar las hojas  resaltadas, con cara de nada, y un paquete de pañuelitos al lado, otra botella de agua y una tercer taza de café. No ceno. Casi no durmió.
De a ratos sentía como punzadas en el pecho, como vidrios en el piso, sentía miedo, frio, todo. Sentía todo.

Unos cuantos años más tarde… después de tantas veces que hizo caso omiso a las señales, opto por hacer lo que se supone que hace la gente madura: hablar.

He aquí el aprendizaje, o la reivindicación: no se olvidó de él, pero siempre le deseo lo mejor, porque la verdad no tenía nada que reprocharle solo el hecho de que logro estar mejor, logro ser feliz, sin ella.

La vida sin él, seguía siendo vida. Y los días sin el también fueron días.

El día que le hablo, tembló de emoción, se sintió grande. Lloro de alegría, lloro de nostalgia, le mando un abrazo telepático y como siempre, se durmió pero esta vez pensando que él fue un buen deseo, y un gran compañero.

Todavía nadie sabe que se vieron de lindo ni como hicieron que funcionara. Él le daba los mejores abrazos, ella a veces, lo curaba.

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