El cajón y el submarino

Ella es de las personas de charlas profundas, de charlas que van  al subconsciente.  si la vida fuera un mar de charlas, ella sería un submarino.

Ella suele sonreír, hablar de películas y relacionarlas con la psicología, con las personas, con la vida,  A ella le decís de salir a caminar después de fumar unas flores y te sonríe, mientras se pone el abrigo. Ella llega primera cuando alguien está llorando, o se instala en tu sillón a llorar, y está bien… porque es ella. Ella te lleva de vacaciones y se convierte en tu mejor amiga,  ella no tiene miedo de cantar canciones y desafinar. Ella sabe lo mucho que me gusta mirar las estrellas, ella no tiene problema en acompañarme.

Así que a ella… este humilde retazo de hoja cuadriculada, a ella este pequeño relato.


Ojala todo fuera tan fácil como abrir un cajón y encontrarlo ahí, justo al alcance de tu mano. Pero no.

Este cajón no se abre y ojala fuera un cajón. El problema es que es una persona, no podes encontrarle la vuelta, no podes hacer palanca, no podes golpearlo con un martillo, no podes obligarlo ni forzarlo, mucho menos cuando lo… Dale decirlo, sí. Lo amas.

Entonces lloras, contra tu almohada, a escondidas, en la ducha, en el sillón, mirando películas, y borras el historial de mensajes de whatsapp como si eso borrara lo que sentís por él.

Pero antes no era así. Se lo dijiste, lloraste. Te dijo que iba a cambiar, se aguantó las lágrimas. Te miro, y se esforzó. Pero no es un cajón.

No se puede abrir, no podes sumergirte en él. No te quiere mostrar sus colores, pero porque no puede, no le nace, y forzar eso está mal…

Esta mal que se lo guarde, está mal que no confié, porque no confía?

Ese mundo de preguntas que te inunda, que te sobrepasa, que te achica y te hace llorar. Pero el hilo está ahí, nadie lo corto, siguen unidos. No?

Pero porque no te dice nada?

Porque está en línea y no te habla? Porque?

Que paso?

Nada.

Entonces, te envalentonas,  le cantas las cuarenta, le decís lo que te pasa, te pide perdón. Cambiar. Esa palabra, llega a tus oídos y pasa. Porque pasa, no cambia. No lo queres cambiar, el mostró algo distinto y ahora, ahora que?

Dale tiempo.

Y volves a empezar, decís que sentís que lo tenes que dejar, que te queres alejar… pero no queres. Te hace bien, te hace sonreír, y te hace llorar.

Abrí el cajón, y devolvele su sombra, cósela a sus pies. Y deja que te lleve a volar.

Dale tiempo  a Peter Pan.

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