un recreo

la casi historia de amor

Ese libro fue un puente entre vos y yo, ese, no otro. El libro, una piedrita, y esa patada. Fue el recreo más lindo de mi vida. Mentiría si dijera que no lo leí más de una vez, o tres, o cuatro, miles tal vez. Pero como siempre, hice como si nada, como si no importara, como si nunca jamás lo hubiera leído. De hecho cuando lo leía, nos veía otra vez. Creo que eso es lo lindo del recuerdo, puedo borrar lo malo, no me acuerdo si existió algo malo. Me gusta esa historia, pero me la tendrías que haber contado antes, capaz así hubiera sido más real.

Yo sé que tratas de estar en todos lados y no estar en ningún lugar. Al final siempre querías volver y no sabes a donde, yo creo que queres volver a algún momento de tu vida donde la felicidad haya sido palpable, tan tangible como el filo de un cuchillo.

El sol te acariciaba la cara a través de la ventana y tus ojos brillaban, mientras te alejabas, te tele transportabas.  Llenabas papelitos con inscripciones de tu pequeña letra, papelitos que hablaban de una especie de historia de amor, y el sol elevaba la temperatura de tu pelo, te daba calor y recordabas que alguien te amo o algo así. Eso se parecía al amor.

Éramos niños jugando a amarnos, vos y yo somos las historias que se escriben. Esas que se cuentan solo a la luna, esas que son de otro tiempo.

Estas volviendo a ser vos o te reencontraste. Te perdiste un tiempo y te extrañaron, los que te conocen; los otros no se dieron cuenta. Yo lo vi en tus ojos, vi cuando me miraste distinto, y me puse colorada. Ese fue nuestro recreo, tan real, tan cierto, tan fugaz, tan efímero, tan recreo, nunca alcanza.

Odio decirlo, odio leerlo, porque sentimos lo mismo y no lo dijimos, siempre fuera de tiempo. Nunca fuimos de estos tiempos. Soñemos con el recreo, con volver a alguna época, a otra vida, a reencontrarnos, a vernos de nuevo de esa forma inocente y llenos de noseques. Nadie tiene la culpa, no es tu culpa, tampoco la mía; fue el tiempo, somos prisioneros de este tiempo, de esta locura, de estar perdidos y de solo encontrarnos de vez en cuando en la mirada del otro, y no poder aguantar las ganas de sonreír.

Pero el tiempo nos regaló este fugaz recuerdo, una esquina, un abrazo, alguna lagrima, unos besos, y los ojos que miran distinto, las manos que se juntan como si siempre se hubieran conocido. Juntaste mis pedazos, los pusiste en la cama, los abrigaste, los abrazaste, me armaste y yo me enrosque en vos, como quien no quiere que se termine la cosa. Tendría que haber sido un amanecer eterno, capaz tendríamos que haber parado el tiempo, y convertirlo en un “felices por siempre”, pero esas cosas no existen.

Creo que te rompieron el corazón, pero es un cliché, creo que te lastimaron el alma y ese era otro asunto… porque te perdiste, te apagaste, te transformaste, te fuiste. Perdiste confianza, perdiste peso, perdiste la sonrisa, perdiste el fuego y el sol. Yo no quería ser tu heroína, no podía pelear contra los monstruos que te perseguían. Amabas el sol, y yo amaba tu sol. Si hay sol, no hay problemas, hay motivos para sonreír.

Te estoy viendo volver, no te preocupes no hay nada que el rio no pueda curar. No importa lo que veas en el espejo, yo te veo de verdad, yo veo tu fuego, siempre lo vi, volviste al sol. Yo te extrañe.

Qué bueno que volví a ser yo.

Ahora estamos más despiertos, pero todavía soñamos con el recreo.

No te dije, porque me olvide, que me gustaba tu cama y el chiflete que entraba por la ventana y hacia que me abrazaras.

Un recreo, jugar a la rayuela, agarrarte la mano, llevarte a las sierras.

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