Los espejos

Antes de salir me puse un sombrero y a ustedes no les iba a importar, camine por la avenida y siento el viento que me golpea, los autos me pasan por al lado, me sacuden y siento que cuando escribo esto que escribo una canción, toco un piano. Y me acuerdo de las luces de los autos que me miran y me alumbran, que no me dan frío, y yo espero un bondi que siempre tarda más de lo que debería, espero en la parada, es mía, es mi lugar. No tiene nada lindo, pero siempre encuentro algo nuevo, pero eso me lo guardo para mí. Y de repente un transeúnte se une a mi espera y ya somos dos. Pero él sabe que ese lugar es mío, entonces se mueve hacia la calle, husmea si se acerca algún colectivo, entonces lo miro como dejándolo, invitándolo a esperar conmigo, conmigo y mi sombrero. Diez minutos más tarde, estoy en un colectivo, viendo los autos correr, girar, las luces esfumarse, crecer y achicarse. Y pensaba que tenía un ron en mi cartera, pero que no lo quería tomar, que no había cenado, que me iba a caer mal, que mejor me relajaba o me olvidaba de que el ron me pesaba en la cartera, y que tenía que ubicar la calle en donde me tenía que bajar, que ahí me iban a estar esperando.

Me iban a estar esperando para esperar para irnos, en un auto, y entonces me dice algo sobre que no le gusta esperar nada, que quiere todo ya, que la vida se pasa cuando uno está esperando y le dije que tenía que disfrutar o algo así, me pregunto que podíamos hacer mientras que esperábamos y yo pensé en hacer barquitos de papel para ponerlos en el agua que corría por la calle y ver cuál iba más rápido, él había pensado en fumar un poco. Llego el auto y ya no teníamos que esperar, ni fumar ni hacer barquitos.

Y todavía no llegamos.

Pero esta es la parte que me gusta, el espejo.

Teníamos que caminar unas cuadras deshabitadas de almas, donde el frío te acaricia hasta los huesos, y pensaban que no lo iban a disfrutar pero para mí yo estoy más alta y estas caminatas a estas horas de la noche tienen demasiada mística. Y te puedo asegurar que nadie siente miedo y todos hablábamos el mismo idioma y eso no era mágico, era real.

El reflejo, el pasto, el cielo y unas luces de navidad colgando en una esquina. Ahí nos encontramos, viajando quien sabe a dónde  pero éramos tan nosotros que asusta, genuinos, transparentes. Y yo creo que llegue a una situación de esas que parecen ser limites, al borde una muerte casi consciente, casi que no.

Y la música sonaba, estábamos en casa, pero no sabíamos qué lugar era.

Tengo frio, prendes fuego, y yo miro las flores del jardín.

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Tengo cosas que hacer antes de morir, pero hoy estoy demasiado viva, tanto que no parece real, parece una película, lo miro desde afuera, afuera de mí. Y esto debe ser lo más cerca que voy a estar de la muerte, pero mañana voy a revivir, voy a reinventarme, y quizás me olvide quien soy hoy hasta que los vuelva a ver y sus ojos sean canciones, y estén sonriendo porque sí. Quizás me olvide de la letra de la canción, quizás no los vea nunca más, quizás ponga mi ropa a lavar, pero mientras tanto, hoy son de verdad, y yo soy yo.

No se quiénes son cuando no los veo, pero no me importa, porque yo los veo tal cual son si estamos juntos, somos lo que queremos ser hasta que la noche se termine, y quiera salir el sol y a mí me duela abrir los ojos, me cueste embocar la llave en la cerradura, o los abrace como si dejaran de existir.

La luna era una uña.

Me voy a enroscar en las sabanas, me voy a retorcer del dolor por dejar de ser yo hasta que se materialicen otra vez, porque voy a dejar de ser yo, porque me cuesta mostrarle al mundo quien soy y ustedes lo ven sin que yo me esfuerce, y no me asustan. No son monstruos, no sé qué son.

Algo va a quedar, algo de mí, de vos, de todos nosotros, escrito en ese papel que encontré, roto y escrito del otro lado.

Aunque no les importe si tengo o no un sombrero puesto, estoy aprendiendo y ustedes no me enseñan nada, o me enseñan todo y aprendemos algo juntos siempre, ustedes me muestran algo de mí, lo bueno, lo malo. Ustedes, espejos.

Me acorde y lo escribí. Pero antes me puse el sombrero.

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