DeRodete y viento

No sé de qué color ves el cielo.

Quiero escribir pero no tengo ideas, no me inspiro.

Quiero escribir, me pasan cosas pero no sirven, no se expresarlas.

Quiero escribir pero me falta imaginación.

Quiero escribir pero la hoja me mira, me amenaza, y no puedo.

Quiero escribir y cuando viene la idea, estornudo y me olvido sobre que quería escribir.

Quiero escribir, y llevo conmigo una lapicera y un cuadernito a todos lados, para cuando llegue la idea. Pero no llega.

Quiero escribir pero

Capaz suene tonto pero hoy me arregle, me cambie, no me maquille porque nunca lo hago, pero me peine cosa que tampoco suelo hacer… para la hoja en blanco.

Tengo una explicación lógica para algunos de mis miedos, y cuando dio lógica es porque tiene cierto sentido, para mí. Pero no necesariamente para usted, o para cualquier otro ser.

Todo empieza con un libro y una canción.

Un día una persona me dijo que estaba leyendo tal libro, por casualidad, ese libro también estaba en mi biblioteca y como esta persona lo estaba leyendo, no sé porque decidí hacer lo mismo, supongo que quería compartir algo y que mejor que compartir un libro. El hecho es que con esta persona no compartíamos más que ese libro y una admiración bastante particular por el autor de dicho libro. He aquí que yo devore el libro, ame el libro,…

Eventualmente, intente lo mismo con la persona en cuestión.

Como tampoco compartíamos la música, cosa que en mi vida es por demás importante, empezamos a pasarnos canciones. Canción va, canción viene, termine descargando un par a mi celular… no sé si me gustaban o era todo un poco de esta persona, y un poco lo que yo tenía de esta persona.

Hace unos días, mucho tiempo después de haber borrado las canciones del celular (no el libro, porque amo ese libro y no lo tengo en el celular, si no que habita en mi escritorio)… me encontré cantando esa canción. Y sentí miedo.

Miedo.

No soy de las personas que fácilmente se dejan llevar, toda una vida repitiéndome “flui” “deja que fluya”, nunca me funciono. Aunque soy impulsiva, cuando se trata de algo que realmente quiero no puedo no pensarlo.

 Pero un día no pensé, nadie pensó… y así termino todo.
 Borre las canciones. Y empecé a temer por dejar que algo fluya o porque alguien me mueva el piso, me haga temblar los estantes, o cualquier otro tipo de metáfora sobre que algún alguien movilice una especie extraña de sentimiento.

No acuso a esta persona, me acuso a mí. Me declaro culpable de sentir, de soñar y de cantar canciones que no me pertenecen, que no sé hasta qué punto me gustan y que me ponen triste.

Pero aprendí algo. No sé bien qué, pero algo capaz…

el libro es mío y las canciones las hice mías. Las cante con mi ritmo, les puse mi interpretación y las pinte de cualquier color, fuera de las líneas y con acuarelas. Y el libro, bueno el libro me hace escribir…

Ah mira, termine escribiendo… aprendí a largarlo todo también. Dejar ir, fluir todavía no.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s