Cuestiones del tiempo

La mente en otra parte

Cerrar los ojos y olvidar. Porque vos sabias que esto era así: hay cosas que se recuerdan y hay otras que se olvidan. Listo, lo dejaste atrás.

Cerras los ojos, y ahora sentís el viento, te abandonas al aire que entra por la ventanilla, que sin querer te renueva y te transforma. Ya  no queres ser lo que eras. Queres irte a ese lugar. Entonces, te acordas que extrañas, que extrañarías, que no podes alejarte mucho, que sentís que no podes respirar y te dan náuseas y ganas de vomitar. Abrís los ojos y seguís en el mismo lugar, solo avanzaste un poco.

Te estabas escapando. Yo te vi antes de irte.  Siempre me da miedo que la gente que se va, cuando vuelva no sea la misma. El problema es que se, de verdad, que la persona que se fue  cuando vuelve ya no es lo que era. Y tanto tiempo lejos, y tanto que no nos contamos. Y está bien así, así es mejor. No sé cuánto quiero saber.

Cerras los ojos y te imaginas de nuevo lejos. Y Pensas que motivo te haría volver, si estabas tan bien. Tenes miedo, porque la gente no es para siempre. Y cuando digo gente, vos sabes que me refiero a  algunos seres. Y sabes que hay algo que te estás perdiendo.

Fue en ese momento de tu vida, que te preguntaste si estabas en donde querías estar, si esto o aquello era lo correcto, lo correcto para vos, para mí, para el mundo, y ya  no sabes que te hace feliz, ni que te hace llorar. Porque no sabes quién sos, ni donde estas en realidad.

El dolor punzante empezó hace unas semanas, vos sabias lo que era. Yo también. Yo vi las señales. No las quise entender, no les hice caso, a nadie ni a las señales y te pido perdón. Me acuerdo el día que nos peleamos porque te dije que yo sabía más o menos que día me iba a ir de acá y porque; vos me dijiste verdades que no quería escuchar, trataste pero nadie puede con lo que uno quiere afirmar cuando está seguro de que es la verdad.

Cerraste los ojos y me miraste. Cerré los ojos y estuve con vos, en ese lugar que llamas paraíso. Y pensar que nos íbamos a escapar juntos. Ahora no queres volver. Yo no sé qué va a pasar… aunque te lo dije una vez.

No me gusta repetir las cosas, me hiciste llorar.

-Cuáles son tus defectos? Perdón, quería decir, debilidades

-Debilidad no es lo mismo que defecto

-Qué tan seguro estas de eso?

No estamos seguros de nada. No estamos acá.

Me subí al auto, baje la ventanilla, y escuche, sentí el viento, el frio en la nariz, cerré los ojos. Necesitaba eso que nos hace sentir vivos, nos hace sentir libres, nos hace sentir fuera de nosotros mismos. Lejos de acá, porque yo no tengo fuerza para escapar. Me acorde de tu existencia lejana.

Y esta es mi debilidad:

-No puedo. Tengo miedo.

Pero igual, no tengo de que huir, mis quimeras o debilidades como vos le quieras decir, cuando las enfrento me hacen más fuerte y se van ellas. No yo.

Igual, extraño nuestras conversaciones donde alguno tenía que terminar al borde de la locura, el llanto o la risa extrema, sentados en un árbol o en una calle con adoquines de 1950.

Ya podes volver. Yo tengo una pizca de libertad en el bolsillo y un sobre de azúcar.

Hasta luego
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