sueño sabor naranja

No sabían como eras, nadie te imaginaba, no eras un sueño, no eras parte del plan, no te esperaban y ahora no pueden dejar de llorar.

Esta mujer joven y alegre, tiene esta edad que es considerada de riesgo por los médicos para estas cosas, el cuerpo aparentemente ya no es como antes y se comenta que es cierto eso de que los años no llegan solos. Pero bueno, resulta que se estaba enfrentando a la vida como todos los días cuando se enteró que venias, y se llenó de miedo, porque no eras parte del plan, ese plan casi ideal que nunca sale como uno piensa que va a salir… y se llenó de esperanza, es que traías existencia, traías inmensidad en tu pequeñez. Puro manantial existencial. Y eso que eras una semilla, eras diminuto, pero pura potencialidad, ilusión. Esta situación no le daba miedo, ya había pasado por algo así, entonces no solo te  aguardaban tus papas, sino también dos hermanas, que  no entendían mucho pero estaba perfecto, y se imaginaban lo que era ser hermanas mayores, que te iban a enseñar, como te iban a malcriar y no sé cuántas cosas más, pero deseaban que te parezcas a ellas, que tuvieras tal lunar, que te guste tal música, y tu cuadro de futbol ya estaba definido por tu papá. Te convertiste en un deseo. Sentían que ya estabas ahí y querían mostrarte el mundo, verte dormir, respirar, reír, llorar, abrazarte, vestirte, cuidarte… tus papás se convirtieron en las personas más felices de la tierra, eso lo sabes bien, de hecho lo sabes mejor que cualquiera.

Como no eras parte del plan, te vieron como un regalo, una sorpresa de la vida, como eras un regalo te esperaban con ansiedad y emoción, Esperaban.

Un día, descubrieron que te gustaba cuando papá te hablaba, te gustaba la música que escuchaba tu hermana a todo volumen, te gustaban las caricias, tomar fanta, los cuentos, te encantaba la siesta, buena vida la del útero. El nido. Pateabas de felicidad con lo que te gustaba. Te sacudías cuando tu mama comía, bailabas, jugabas, soñabas.

Placentero, llevabas ocho meses viviendo la buena vida, y era el momento de la última foto dentro del refugio maternal. Ese día decidiste no patear, no te emocionaba la idea de salir, ese día hiciste que tu mamá se sintiera rara, casi como vacía.

– Mami, queres que te compre fanta así patea?

– No hace falta, está haciendo huelga.

Ella en su interior, en sus entrañas sentía algo, una falta, un presentimiento. Pero capaz eran los nervios.

No hacía falta fanta.

Decidiste que era tiempo de dejar de jugar. Era tiempo de dejar de patear, era tiempo de dejar de soñar, era tiempo de dejar de nadar, era tiempo de dejar de latir. Era tiempo Álvaro, de dejar de vivir.

Por lo menos no más dentro del refugio, pero tampoco fuera de él.

Un lugar mejor.

No sé si fue tu corazón, no sé si fue el cordón, pero … no hay jugo gaseoso que te reviva.

Como explicarle a tu familia que después de ocho meses de desearte, cumpliste tu misión en la tierra sin siquiera pisarla? Como decirles que te convertiste en lo que siempre fuiste? Como  hacerles entender que sos su nueva razón para seguir viviendo, para seguir amando, para seguir?

Tu misión fue tan válida y necesaria como cualquier otra.

Les aviso que hoy Álvaro duerme en una nube, que toma jugo de naranja gaseoso, que se parece al sol y que esta donde tiene que estar. Los mira desde el más allá, y a veces se da una vuelta para dormir abrazando a su mamá-

No conoció el dolor, ni la infelicidad. Álvaro tuvo una vida plena dentro del mejor hogar.

A los ángeles les gusta tomar fanta.

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