Más dulce que el pecado

Se bajó del escenario.6d6387cd87a89e1c8e7afee783cb1e5a

– Quiero ayudarte, necesito salvarte.

Mientras decía estas palabras veía como su cara se iba desfigurando transformando.

– Pero…

No lo iba a dejar hablar.

– Salvándote a vos, quizá, encuentre mi cura; porque tus demonios son los míos, son los de todos.

Entonces, otra vez, me veía envuelta en este círculo, intentado salvar a los demás para ver si en cada uno de ellos, de a poco, me podía sanar. Porque soy adicta a las personas, porque soy capaz de salvarlos, porque puedo, porque lo veo todo muy claro, pero  no me dejes sola.

– A donde te vas?db6369ef9078fe433615b343b517cfeb

Sola. De repente todo se nubla, me pierdo. Me encuentro conmigo misma, y con ellos; los monstruos, los que me sacan el sueño, adictos al insomnio y a la oscuridad, a la negatividad, esos que me persiguen, esos que arrastro.

– No me dejes sola.

Sola. No puedo enfrentarlos.

– Préstame los tuyos, los hago míos, te curo y después, te vas. No importa si das un portazo. No importa si salís por la ventana. Después de eso te podes ir. Pero déjame ser fuerte para vos.

Y ella bailaba, cantaba. Mírala. Estaba siendo admirada, giraba entre luces, canciones, tambores, aplaudía, alzaba las manos al cielo, la aplaudían. Se mareaba y seguía. Agua, vino, éxtasis. Entre giros, zarandeaba el vestido, ese que era perfecto para esa noche, ese que se movía al compás, ese que era nuevo, ese que la seguía, la perseguía. La amaban. Colores, música, luces. Ella es un poco el rio, un poco el viento entre los árboles, unos rayos de sol de esos que te dan fuerte en los ojos cuando amanece, el aroma de flores recién cortadas a las que les pedís permiso para arrancarlas. Entre aplausos, domina el mundo, conquista monstruos, controla la marea como  la luna, enamora piratas. Era el vestido. Mareaba demonios y ahí quedaban, presos, acurrucados, en silencio. Tiene un poco de ángel. Su voz siempre fue más fuerte que sus miedos.

muchacha morena y dulce, no hay corazón que resista

María dejo de girar, dejo de bailar, dejo da cantar. Y vio… con real claridad, que estaba sola. Nadie aplaudía. María no los mires más, los monstruos al acecho corrían. María ya no era María, sus monstruos conquistaron el silencio y la soledad, rasgaron el vestido, le sacaron la esencia a María.

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Era el vestido lo que tanto querían o era tu esencia, María?

María, regálame una canción más. Te juro a todos podemos salvar y a los monstruos alejar.

María, no dejes de cantar, tu luz los encandila y se van.

Me voy a acurrucar en un rinconcito, no me ves pero estoy acá. Sola no estas.

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de diamante o de rubí

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