cordura

Empezaste el día como cualquiera.

Te da miedo lo que viene y lo que se va.

Como siempre, no te peinaste; te diste cuenta mucho después que tus pelos rebeldes eran sacudidos por el viento caliente  de esa mañana de verano, estaban completa y perfectamente despeinados.

Tenías ojeras, un café que te tomaste por la mitad, se te enfrió, se te cayo un cuarto de lo que quedaba al piso, decidiste que no valía la pena seguir tomándolo, y entendiste que a esas horas eras más torpe que lo normal. Tu cabeza seguía en la almohada, en esa especie de nube rellena de algún extraño material poco natural y bastante artificial.

La camisa sin planchar, una media agujereada y un suéter (porque se suponía que iba a refrescar) que alguien te regalo. (Nunca refrescó) (Nunca le creías al tipo del clima del noticiero)

Salías con la sensación de olvidarte algo, pero se suponía que tenías todo en la mochila y hasta te llevaste un libro para empezar, cerraste la puerta. Portazo involuntario.

Los rayos del sol matutino te acompañaron a la estación. Entrecerrabas los ojos, deslumbrante y brillante te dejaba casi ciego.

Hay días que te gustaría revelarte, no ir al trabajo, no vivir la rutina, todo tan automático, no subirte al tren o hablarle a miles de desconocidos para variar, sonreírle a la gente, cantar a gritos, tocar una batería imaginaria, correr porque si y no porque llegas tarde. CORDURA, ES VIERNES, NO EL FIN DEL MUNDO.

Este viernes (aplausos) mandaste todo a la mismísima mierda, le hablaste y no te importo si la histérica que te volvía loco te respondía o no, tocaste un solo de guitarra imaginaria, cantaste a los gritos en los transportes públicos, te chamuyaste a una mina que estaba en tu bondi (y sorprendentemente, te funciono). Comiste una bondiola en la Costanera, saliste a correr, paseaste al perro, estabas más feliz que el pobre animal que no entendía tu repentino amor por él. Lloraste como una adolescente con una película cursi, leíste poemas que encontraste en una página de internet, Abrazaste a tu vieja hasta que le dolió tu excesivo amor, a tus hermanos,… y nadie entendía que te pasaba. Podría decir que fue el día más feliz de tu vida. Llamaste a tus amigos para un picadito y una birra.

Volvías caminando de la juntadita que organizaste a último momento, mirabas las estrellas, mirabas tu barrio, tranquilo, cansado, en equilibrio o completamente desequilibrado, feliz. Sacaste un pucho, no encontrabas el encendedor… frenaste para buscarlo en la mochila entre los botines, las medias transpiradas,… se te acerco un pibe, te dijo algo que no entendiste, te atravesó con una navaja como cinco veces y dejaste de contar, viste tu sangre, viste al pibe llorar, lo viste correr con tu mochila, miraste por última vez las estrellas.

CORDURA, ES VIERNES, EL ULTIMO DE TU VIDA.

Ω

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