PalabrasMenos


Un día no lloraste por la cebolla que estabas cortando, llorabas por otra cosa, no era la papa, ni la batata pero no le querías poner nombre. Las etiquetas, esos títulos te ponen de mal humor. Las edades, las categorías, los silencios que nunca fueron incómodos y de repente son lo peor que te paso en la vida.

Y seguías llorando, ahora le echas la culpa a la cebolla, porque te preguntan qué te pasa y te pasas esa hoja de papel del rollo de servilletas que te raspa toda la cara, que te duele, pero no tanto como estar congelada en ese momento, en ese preciso instante en el que la estantería se vino abajo, en el que te tiraron un baldazo de agua fría, y la cosa podría haber sido más literal, pero no, solo es metafórico.

Hay personas que le importan a más de una persona, pero hay personas más importantes que otras…

No sos de las personas más importantes. No.

Balde, hielo, y miraste tu reflejo para olvidarte de eso, para hacer como que no te importaba, que no escuchabas, hiciste un par de preguntas incisivas hasta que el alma no te aguanto más. He aquí el silencio incomodo, y la transformación de tu cara. No sabes disimular. Mala leche, te perdiste esa clase que nadie te da en la vida.

Tampoco sabes caer despacio, tampoco sabes no ilusionarte, tampoco sabes no abrir tu alma a las personas equivocadas

No sabes nada.

Nadie sabe nada. Se limpia los pies con el agua del baldazo de agua que te tiro, se pone las medias, se pone las zapatillas. Congelaste el momento. Si paso algo mas no importa. El abrazo y la frase que siguió a este acontecimiento fue innecesario.

Había una época en la vida en donde jugar a las estatuas era divertido y todo eso. En este momento era doloroso estar así de quieto, así de muerto. Las caricias no se deberían sentir siendo una estatua, vos sentías todo, pero estabas helado.

Odias cocinar y ahí estabas cortando una cebolla para justificar un par de lágrimas. Se te mezclaron sentimientos y chocolatada en el estómago, mala combinación…. Ganas de vomitar, las lágrimas en los ojos, la servilleta, el agua que te rebalsa, y la vida que no te resbala.

Siempre la misma caída. Siempre la misma imagen. Algún día, te juro, que algún día vas a aprender, y no te vas a tropezar con la misma maldita piedra que pasa a través del universo como un submarino amarillo sobre el que flotan tus pies, y el vaso que se cae al fondo de la pileta, la lagartija que corre entre las plantas, el conejo que come pétalos, el silencio, las semillas en un bolsillo, una película envuelta en papel de regalo, y la desilusión, todo junto. Acá, amor. “Te amo”

Pero nunca de la forma que vos querías, que vos esperabas, que vos SOLO VOS maquinabas, imaginabas.

Así que ODIO.

NO MENTIRA, NO TE PUEDO ODIAR. Odio mi facilidad para caer. Yo no te digo te amo, porque para mí las palabras son sagradas, las palabras tienen valor y hay algunas que me las guardo para las personas indicadas-

Me quedo en silencio, estatua del momento, en el frío más frío del caluroso verano, bajo el atardecer que nunca más se va a repetir.

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