Otra vuelta a la calesita

Podíamos ir siempre a lugares distintos, descubrir nuevos espacios a donde bañarnos de sol, donde pisar el pasto descalzos, podíamos escuchar músicas distintas, ver miles de especies de pájaros, recorrer todos los lugares donde el río baña las costas, podíamos innovar siempre el lugar, ir mudándonos, caminar más, patear más, sentir más, pasar más horas juntos, ver amanecer, ver anochecer… pero vos siempre cantabas la misma canción.

Nunca pudiste olvidarte de esa canción, y YO NO ERA ESA CANCIÓN, yo no era ni la melodía, ni la armonía, ni la letra, yo era otra cosa, no tu canción.

Nunca quise ser tu canción, pero si quise ayudarte a cantar otras. No me dejaste, esa (tu) canción era más fuerte que mi voz, era más fuerte que yo.

Y algún día te ibas a reencontrar con la dueña de la canción, la que te quitaba el sueño, la que te hacia delirar, la que te hacia llorar, de la que tanto me hiciste escuchar, porque yo te dije esa frase, cliché que odio, que el mundo repite, que mi vieja me dice hasta el cansancio:  “el que se va sin que lo echen, … vuelve sin que lo llamen”.

Y nosotros estábamos bien antes, nos regalamos algunos domingos, unos soles; lo único que me apena de todo esto es saber que tu canción … no quiere que me escuches, no me deja ser tu amiga, porque me tiene miedo, porque tu canción no es tan buena como creía… y yo no pienso que soy mejor… solo pienso que puedo ser un concierto entero, yo soy más que una canción.

Aprendimos mucho juntos este último tiempo, y te agradezco en silencio, o con este relato. Gracias por las puertas, las flores, las tuercas, las mantas, el pasto, los sombreros, las fotos, los árboles, el rio, los pájaros, las hamacas, los subibajas, los silencios, los rincones desconocidos, las historias, las reflexiones falsamente filosóficas, las risas hasta el llanto y el llanto hasta la risa y tu amistad. Me quedan un par de canciones, de esas que a veces me recomendas guardadas en el celular. Agradezco que un día apareciste de la nada, caminando por una plaza, mientras que yo corría quien sabe a dónde.

Gracias, me hiciste acordar que soy un concierto, me combino en una composición de noseques, y me mareo de a ratos, pero hay un público que lo aprecia, probablemente más que vos.

Yo respeto tu canción.

Me voy a hacer escuchar a otro lugar.

Vos y yo sabemos bien que hay cosas que trascienden y dejan de ser efímeras, quizás las amistades que dejan alguna huella sean de esas cosas.

Te regalo un abrazo sonoro, uno que te rompa los tímpanos, que te haga sentir vivo y te haga entender que la música no es solo una canción.

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