estosoy

Me anime a publicarme

-“¿La mamá o la nena?”, eso le preguntó el doctor a papá. Era un embarazo de riesgo, a cesárea seguro, una decisión… Con lágrimas en los ojos, él le respondió “mi hija”. Hoy mi mamá lee mi autobiografía, mientras la escribo pero papá falleció seis meses más tarde de haber tomado quizá la decisión más difícil de su vida. Así llegué al mundo, después de girar en el útero materno, quizá estaba jugando, me ahorqué con el cordón umbilical. “Inquieta, nerviosa, rebelde, rebuscada y vueltera”. Once meses, doce días y doce horas; eso me separa de mi hermano mayor. No me cuesta admitirlo: es mi ídolo.No creo que nada mas que esos meses me separen de él.

Realmente, empecé esta biografía escribiendo lo que consideraba que debía incluir: solo lo más importante. Me cuesta pensar en algo más…

Mi abuela marcó mi vida, ahora me dedico a recordarla. Viví con ella mucho tiempo, hasta que mamá se volvió a casar. Mi vida cambió, me mudé, me cambié de colegio, y de repente y sin esperarlo, llegó una hermana más (sin contar, a mis hermanastros y una sobrina) amada y mimada ella, con once años de diferencia.

A los trece, decidí que quería ser periodista, en realidad fue porque no me interesaba estudiar latín, en caso de hacer la carrera de Letras. En mi pequeño universo, no existía otra Universidad que no fuera la de Buenos Aires, motivo por el cual aun de grande nunca consideré otras opciones. Siempre pensé que mi función era comunicar verdades (un poco idealizado todo)

La literatura me apasiona, la historia también. Siempre que alguien me cuenta algún problema recomiendo un libro como solución. Amo recomendar uno en particular: El principito. Amo a Juan Salvador Gaviota y a Tom Sawyer.

Trabajé tres años en el colegio del cual  egresé, por eso casi abandono la facultad de Sociales. Ser docente, eso quería; o eso creía. Noté que muchas “seños” se agotaban rápido y con el tiempo perdían la paciencia, no me gustaba eso. Igualmente, me llevé muchos amigos, pequeños, que me alegraron las mañanas, me contaron historias y fueron ellos los que motivaron que empezara a escribir cuentos. A veces entre esos niños de seis, siete u ocho años, me sentía una más. No creo tener la edad que mi documento delata, tengo mucho menos.

Misionando, conocí muchas provincias; descubrí la pobreza, desnutrición, el hambre, el frío y comprendí que pasaba mis días quejándome, pidiendo más cosas que no necesitaba. Cambié, me cambiaron; aprendí tanto de personas que jamás pensé conocer, me regalaron amor y abrazos, sonrisas.

A eso de los dieciocho, me hice un tatuaje, en honor a la relación de mis padres, el que ya no estaba y mi mamá. Ella estaba completamente en contra, pero no sabía qué era lo que me iba a tatuar: “Muchacha ojos de papel”, la canción que él le dedico a ella, cuando se casaron. Llegué a casa y me dijo “A ver… ¿qué te hiciste?”, lloró al verlo; me abrazó y  en el oído, como en un suspiro, escuché un “gracias”.

Mi primer recital fue uno de Pearl jam en La Plata, valió cada centavo, como también cuando los volví a ver tocar en un festival, siempre con mi hermano. Creo firmemente que la mejor música surgió a finales de los años `80 y principios de los `90.

Nunca me internaron, nunca tuve yeso (siempre quise tener uno). A los 21 años y 6 meses aprendí a andar en bici. Tengo una coneja, Clara y una perra, se llama Francia… en unos años me voy para allá a recorrer con Rayuela.Detesto la acelga. A veces, intento tocar la guitarra. Tengo el don de cocinar ricas pizzas caseras y hacer  un gran puré de papas. Teniendo en casa a una mamá chef; es lo mínimo que puedo hacer. Lo primero que compré con mi primer sueldo fue un reproductor de música… me lo robaron a la semana. Juego a trabajar en una radio, amo escribir y volar, sonrió casi todo el tiempo, me pongo nerviosa con facilidad, me da miedo el silencio, soy adicta al café, azúcar, a los abrazos y a la música. No entiendo la vida sin amigos, ni sin familia. Creo en lo que veo, veo lo que creo.

Pensé que empezar a escribir mi autobiografía era complicado, ahora entiendo que lo más difícil es ponerle un final. Quizás el principio de mi historia no sea feliz, pero creo firmemente que a lo largo del camino voy a poder ir recogiendo más experiencias, relevantes y no tanto, que contarle a quien le interese.

La puerta esta abierta

gracias por leer

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Pau Ω

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