Sin paracaídas

Me imagine este tipo de caída, algo así como los paracaidistas pero sin paracaídas

Me despertó la canción de un pájaro que se quedó dormido como yo, cantaba tarde, cantaba enojado, cantaba porque tenía que despertarse de alguna forma y esa forma, porque si, despertarme a mí. Que solo veía mi caída.

Como siempre cuando me despierto, ya no queda café en la cafetera, casi por placer, casi por orgullo, casi porque sí, soy el único que lo prepara, porque “mi café es el mejor”– no lo digo yo, eso me lo dijeron, dos termos de agua, el café ya lo tiro en la cafetera por instinto y sin medida. Cinco minutos más tarde, se escuchaba el ronroneo de la máquina que lo hacía por mí.

No pienso mucho en que ponerme, el pájaro seguía cantando desafinado. El café seguía cayendo a la jarra. Si fuera por mí viviría en este intento de pijama, o en calzones, pero el mundo no me lo permite. El timbre no me lo permite, el cartero no me lo permite. Voy en patas a la puerta y me doy cuenta que no tengo llaves, que si las voy a buscar cuando vuelva el cartero ya no va a estar, que no tenía caso haberme puesto un jogging, de igual modo busque la llave… quien sabe dónde la había tirado.

La noche anterior, golpee una pared, y las tire por algún lado, donde…

El timbre, el cartero, el jogging, el café, el pájaro.

Las llaves arriba del sillón del living, innecesario fue que corra a la puerta, el cartero estaba muy cómodo respondiendo algún mensaje en su celular…

–          Macho, recién te despertas?

–          (Que te importa?) Buen día

–          Firma acá

–          Gracias.

–          Chau pibe

–          Hasta luego (puto)

El café está listo.

Pensar que dos días atrás preparaba el café para los dos, las tostadas para los dos. Ahora tomo café para ver si puedo volver a vivir. Ella se despertaba, tardaba quince minutos en elegir que se iba a poner, nunca se peinaba, y estaba linda igual. Nunca me despertaba, no sé ni si me miraba, entraba al baño, salía, buscaba su ropa.

Porque si, le hacia el café, no se lo tomaba, lo mismo con las tostadas, decía que no comía nada a la mañana. Todo porque sí.

El puto pájaro no se calla.

Y ahora, un perro ladra.

No sé qué hora es, no se a dónde tenía que ir, no sé si quiero comer, no sé si quiero el café.♦

El pájaro desapareció, como ella. De la nada, no los escuchaste más. La música es tu mejor amiga, y subíste el volumen para olvidarte de que te olvidaste de olvidar.

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Un comentario en “Sin paracaídas

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